martes, 30 de octubre de 2018

Xibalbá o el inframundo maya

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Angosto, rodeado de ríos, así se describe el lugar de los muertos maya que se asocia con unas cuevas subterráneas ubicadas en Guatemala: 
Xibalbá encierra en sí el sentido de lugar o cavidad profunda a la que hay que llegar descendiendo por un camino violento, un reliz muy inclinado o también “por unas escaleras muy inclinadas” —tal vez tajadas en la roca misma—; se encuentra rodeado de ríos que corren entre barrancos estrechos: Cu ziva: barranco angosto, estrecho. Zivan es barranco, pero se llama así también a las cuevas subterráneas en Verapaz y el Petén.(1)
Quienes gobiernan tan monumental lugar son Hun-Camé y Vacum-Camé, los Ajawab de Xibalbá:
Los regentes de Xibalbá son dos, aunque frecuentemente se les considera como uno solo y con caracteres masculinos: Hun-Camé “Supremo muerto” y Vucum-Camé “Principal Muerto”, son los Grandes Jefes, los que deciden en última instancia. Los jueces supremos que señalan sus funciones y atributos a cada uno de sus subordinados. Estos, “en verdad no tenían antaño la condición de dioses. Además sus caras horribles causaban espanto.”(2)
Cuenta la leyenda que los gemelos Hunahpú e Ixbalanqué fueron llamados al inframundo y sometidos a penosas pruebas. Sin embargo, vencen a los Ajawab y se convierten en el Sol y la Luna, respectivamente.


Citas:

(1) Vicente T. Mendoza. “El plano o mundo inferior. Mictlan, Xibalbá, Nith y Hel”, en Estudios de Cultura Náhuatl, volumen 3, México, UNAM-Instituto de Investigaciones Históricas, 1962, pp. 78-79. 

(2) Ibid., p. 87.

miércoles, 27 de junio de 2018

La importancia del estudio del cenit

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Los solsticios son momentos del año en que el Sol alcanza su mayor o menor altura aparente en el cielo: por ello la duración es más prolongada del día o de la noche. Se vivió el solsticio de invierno el 21 de diciembre.

El 21 de junio se presentó el solsticio de verano, es decir, durante la traslación que realiza la Tierra alrededor del Sol, se reciben los rayos solares de manera más perpendicular en un punto al Norte que coincide con lo que conocemos como Trópico de Cáncer en el paralelo ubicado a 23º 26’ 22”. 

Según la hipótesis plasmada por Johanna Broda, los mesoamericanos tenían una especial predilección por estudiar el cenit y se hicieron a la tarea de instalar un sitio conocido como Alta Vista. Posterior al auge de La Quemada, su ubicación obedece a cálculos astronómicos.
Es de notar que existe un sitio arqueológico ubicado con precisión en el Trópico de Cáncer: se trata de Alta Vista al norte de Zacatecas, perteneciente a la cultura clásica de Chalchihuites. Las mediciones de Aveni, Hartung y Kelley (1982) y de C. Kelley y E. A. Kelley (1999) demuestran que en Alta Vista se hicieron múltiples observaciones astronómicas. El Templo del Sol tenía una orientación equinoccial hacia el pico prominente del Cerro Picacho. La línea solsticial, por otra parte, fue marcada por dos cruces punteadas situadas sobre el cercano cerro El Chapín; su alineamiento apunta sobre el mismo Cerro Picacho en el horizonte Este.(1)
Este sitio cuenta con observatorio, columnas, un muro conocido como de la Serpiente, una Pirámide del Sol, una plaza. La página del Instituto Nacional de Antropología de México tiene un recorrido virtual que permite observar además el museo del sitio (el navegador de internet requiere el plugin de Flash Player).

Citas:

(1) Johanna Broda. “La percepción de la latitud geográfica y el estudio del calendario mesoamericano” en Estudios de cultura Náhuatl. Volumen 35. México, UNAM-Instituto de Investigaciones Históricas, 2004.



martes, 5 de diciembre de 2017

La cuenta matemática y sagrada de los mayas

El Baktun en la Cuenta Larga
By Navelegante (Own work) [CC BY-SA 4.0], via Wikimedia Commons
El inicio de la cuenta maya es muy anterior a la moderna cuenta de nuestra era:
Como todo sistema cronométrico de larga duración, el calendario maya tiene un punto de inicio, una fecha era o “día 0”. Ese día inicial es 13.0.0.0.0, 4 ajaw, 8 kumk’u, que en términos del sistema calendárico juliano equivale al 8 de septiembre de 3114 a.C. Cabe señalar que el factor de correlación o equivalencia entre las fechas mayas y las nuestras (584,285 días) fue establecida por J. Goodman, J. Martínez y J. E. Thompson (correlación GMT).(1)
Haab significa medida de tiempo: de 18 meses de 20 días (360 días periodo conocido como tun), el ciclo solar haab hace referencia a actividades y festividades, a los que agrega cinco días adicionales: los del final del año, los uayeb, que eran de mal agüero: transcurrirían del 21 al 25 de julio, época que habría que quedarse en casa, excepto el 25 en el que se podía empezar a preparar el Año Nuevo, que iniciaría el 26 de julio.
Según observaciones modernas, la duración del año trópico verdadero, es decir, del ciclo solar, es de 365.2422 días. Con al intercalación bisiestal del calendario gregoriano que seguimos, el ciclo está estimado en 365.2425 días. Los mayas, que no efectuaban la intercalación pero que, al registrar una fecha, corregían el error acumulado con su calendario civil de 365 días, lograron una fórmula de 356.2420 días, es decir, más exacta que el calendario gregoriano en un día cada 10 000 mil años.(2)
El calendario haab se combinaba con uno religioso (tzolkin), conocido como la cuenta de los días, que está constituido por veinte trecenas (o trece veintenas), es decir, tiene 260 días. 
La combinación del tzolkin y el haab determina lo que se ha llamado Rueda Calendárica, que abarca 73 tzolkines o 52 haabes, es decir, 18 980 días, después de los cuales un día determinado del calendario religioso vuelve a coincidir con otro día preciso del calendario civil.(3)
En otras palabras, la cuenta del tiempo maya armonizaba el conocimiento matemático con las creencias sagradas.

Citas:

(1) Guillermo Bernal Romero. "La cuenta larga y la máquina del tiempo". En Arqueología mexicana, México, Editorial Raíces, 2016.
(2) Alberto Ruz Lhuillier. Los antiguos mayas. México, Fondo de Cultura Económica, 2011.
(3) Idem.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Huelga ferrocarrilera de 1908 en México, reflejo de la desigualdad salarial

Locomotora 40 en Plaza de las Tres Centurias. Aguascalientes, México
Según la supertabla histórica de Manuel Aguirre Botello, el salario mínimo en 1877 era de 21 centavos diarios, para 1911 había subido a 39 centavos.

En los 33 años del periodo porfirista, se vivió una inflación acumulada de 141% y una devaluación de 91%; la inversión extranjera de 1884 a 1911 subió de 110 millones a 3 400 millones de pesos; la deuda externa pública pasó de 142 millones a 452 millones de pesos. 

Por otra parte, durante este lapso, debido al impulso en transportes, se crearon 20 000 km de vías férreas.

El salario menor pagado de los ferrocarrileros era tres veces mayor al salario mínimo: los peones y otros empleados de vía ganaban 83 centavos diarios, y en este puesto trabajaban en la Compañía del Ferrocarril Nacional de México (FNM) 2 498 empleados mexicanos y 18 extranjeros.

Las desigualdades eran notorias, el funcionario general, el mejor pagado, llegaba a ganar 22.64 pesos diarios, 10 eran extranjeros y 3 mexicanos.

De los 8 152 trabajadores de FNM, el salario promedio era de 1.93 pesos diarios: 7 565 eran mexicanos y 587 extranjeros; de estos últimos destacaban por su número y salario los 133 maquinistas con 9.02 pesos diarios —sólo 32 mexicanos ocupaban este puesto— y 103 conductores con salario de 8.86 pesos diarios —frente a 16 mexicanos con estas funciones.

A pesar de que los nacionales aseguraban que estaban en condiciones de ocupar por mérito las plazas mejor pagadas, acusaban a los extranjeros de que no les permitían el acceso a los exámenes. Esta situación provocó que el 20 de abril de 1908 estallara una huelga en San Luis Potosí. 

La Gran Liga de Empleados de Ferrocarril —que tenía oficinas en las ciudades de México, Veracruz, Coatzacoalcos, Jiménez, Monterrey, Chihuahua, San Luis Potosí, Tampico y Aguascalientes—, con 10 000 miembros, auspició la huelga de quienes laboraban en el Ferrocarril Nacional Mexicano, que daba servicio a la línea que comenzaba en el centro del país hasta la frontera con Estados Unidos de América, con trayectos de la capital del país a poblaciones de los estados de México, Michoacán, Guanajuato, San Luis Potosí, Coahuila y Nuevo León.

Ante este acontecimiento, la prensa oficialista de México, representada por periódicos como El Imparcial y El País, estuvo en contra de los intereses de los trabajadores nacionales. El resultado de la huelga fue su disolución, la persecución de sus líderes, el contubernio de Porfirio Díaz con los capitalistas y el exilio de Felix C. Vera, presidente de la Gran Liga de Empleados de Ferrocarril, que cuando regresó fue arrestado y condenado a prisión por dos años, a pesar del indulto y exilio acordado con Díaz. Acontecimiento que Esther Shabot Askenazi explica de la siguiente manera:


Se puede observar que el proceso de descalificación del movimiento obrero viene generalmente articulado con una serie de procedimientos en los que la prensa juega un papel capital como caja de resonancia de los temores que asaltan a los beneficiarios de la expansión capitalista, cuyos intereses sienten amenazados. Uno de estos procedimientos consiste en vincular a los movimientos reivindicativos con una estrategia subversiva de agitación nacional, con el fin de quebrantar el orden público y la institucionalidad; o en presentar al movimiento como un proceso de naturaleza penal, donde las actuaciones de las organizaciones obreras se conceptúan como delictuosas y castigables en nombre del derecho común, confinándolas, pues, al campo de la delincuencia.(1)

La compañía de FNM operó del 29 de febrero de 1908 al 4 de junio de 2001. Inicialmente contó con 51% de participación gubernamental y a partir del 23 de junio de 1937 se nacionalizó durante la gestión de Lázaro Cárdenas.

Antes de la fundación de FNM (1908) y después de su finiquito (2001), los servicios e infraestructura del ferrocarril en México eran y pertenecen a empresas extranjeras por concesión que, a decir de Heriberto López Ortiz, actualmente representan el nuevo oligopolio privado y extranjero.

Cita:

Esther Shabot Askenazi. “7. La Gran Liga de Empleados de Ferrocarril y la huelga de 1908”. En Estudios políticos, novena época, núm. 42 (septiembre-diciembre), México, UNAM, 2017.




miércoles, 8 de noviembre de 2017

La educación elemental en el modelo económico porfirista

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Durante el régimen porfirista, se hablaba del carácter “científico” que guiaba el interés del gobierno. La implementación de un paradigma positivista impulsaba el carácter laico de la educación. Sin embargo, su aplicación no era igualitaria, sobre todo, para las zonas rurales en las que los caciques se oponían, pues era contrario a sus intereses de explotación. 

Según refiere Gloria M. Delgado, en 1905 la gran mayoría de la población era analfabeta (85%) y, para implantar los programas educativos, se tenían que librar muchos obstáculos en las zonas rurales, entre los que destacan:

La falta de vías de comunicación adecuadas, la escasez del presupuesto, la ineficiencia de las autoridades locales o su complicidad con los hacendados, y la necesidad de los trabajadores de ocupar a sus hijos en las tareas agrícolas.(1) 
Con la Ley Reglamentaria de Instrucción Obligatoria, expedida en marzo de 1891, se logró que en tres estados la instrucción primaria elemental fuera laica y gratuita, dirigida a niños y niñas de 6 a 12 años. Las clases más beneficiadas fueron las urbanas, sobre todo en los estados en que sólo aplicaba esta Ley: Tepic, Baja California y el Distrito Federal (la actual Ciudad de México); en esta última, Justo Sierra Méndez fundó la Escuela de Altos Estudios y la Universidad Nacional en 1910.

De acuerdo con el Censo de 1895 de México, según se muestra en las siguientes gráficas, en promedio sólo el 14.5% de la población sabía leer y escribir.
Fuente: Censo General de la República Mexicana.


Fuente: Censo General de la República Mexicana.

Citas:

(1) Gloria M. Delgado de Cantú. Historia de México. Legado histórico y pasado reciente. México. Pearson Educación, 2004.

martes, 7 de noviembre de 2017

Población y esperanza de vida de 1895 a 1910 en México


En la época en que gobernó Porfirio Díaz, de 1877 a 1880 y de 1884 a 1911, la población era predominantemente joven, así lo consigna Martha Mier y Terán en “El gran cambio demográfico”, y señala que la tasa de crecimiento era relativamente lenta y constante: 1.3% en 1895 y 1900, 0.8% en 1910, y la esperanza de vida era de 29.8 años en 1895 y 1900, y descendió a 25.4 años en 1910.

Se conocen estas cifras gracias a que se realizaron en 1895 el Censo General de la República Mexicana, el Censo de 1900 y en 1910 el Tercer Censo de Población.


La mayoría de la gente, explotada, sin instrucción, con acceso sólo a víveres para su subsistencia, no estaba representada en el sistema político de la época para que se velara por su bienestar. 

El régimen de Porfirio Díaz alineó a las cámaras de diputados y senadores, así como a las instituciones de impartición de justicia; exigió lealtad de los gobernadores; sacó al ejército a las calles a imprimir mano dura matando “en caliente” a todo aquel que infringiera la ley y persiguió a la prensa. Con estas medidas logró la pacificación de grupos rebeldes, la reelección constante, acallar cualquier idea contraria y tener de su parte a los gobernadores, a quienes les había concedido el cacicazgo territorial.

Fuentes:

Martha Mier y Terán. “El gran cambio demográfico”. Dinámica de la población en México: 1895-1990.

Ministerio de Fomento. Dirección General de Estadística. Censo General de la República Mexicana. Verificado el 20 de octubre de 1895. México, Secretaría de Fomento. 1999.


Secretaría de Fomento, Colonización e Industria. Dirección General de Estadística de la República Mexicana. Censo de 1900. Resultado del censo de habitantes que se verificó el 28 de octubre de 1900. México, Secretaría de Fomento. 1901.


Secretaría de Agricultura y Fomento. Dirección de Estadística. Tercer Censo de Población de los Estados Unidos Mexicanos. Verificado el 27 de octubre de 1910. México, Poder Ejecutivo Federal. 1920.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Cuando nuestros muertos están más cerca

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Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos forman parte de la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde 2008, aunque fueron proclamadas como tal desde 2003. 

La celebración actual de este 2 de noviembre recoge elementos de las culturas mesoamericanas. Este día vemos adornar las tumbas de flores amarillas conocidas como cempasúchil o flor de muertos, originaria de México. Escuchamos en los cementerios música, vemos familias comiendo entorno a donde yace su ser querido, se lavan las tumbas, se queman inciensos, se ofrecen oraciones.


En “Días de muertos en el mundo náhuatl prehispánico”, Patrick Johansson relaciona los lugares y festejos de la muerte: el Mictlán, a donde van los que mueren de forma natural o por enfermedad; el Tlalocan, donde habitan los ahogados, los muertos por un rayo, entre otros; el Tonatiuh ichan, que incluye el lugar en donde están los niños próximos a nacer, Chichihualcuauhco, donde residen las mujeres muertas del primer parto, Chihuatlampa, y el sitio en donde se celebran a los guerreros difuntos, Cincalco o casa del maíz.


Asimismo, Johansson señala los elementos que se usaban durante el funeral, cremación y entierro, pues era un ritual complejo: la divulgación del deceso por parte de ancianas que se lamentan, dramatizando el hecho con llantos y aullidos; el corte de un mechón (piochtli); los dones u obsequios para que el tonalli los llevara en su recorrido al lugar que debía ocupar según su forma de morir; el lavado del cuerpo; su amortajamiento; el discurso de la muerte; las ofrendas de comidas; la cremación; el acompañamiento de un perro; la ceremonia para fortalecer el tonalli; el enterramiento y el duelo.


La celebración de hoy guarda este tributo y respeto, ya que la reunión de los familiares tiene el claro objetivo de homenajear y estar más cerca de sus seres queridos ya muertos.